sábado, 21 de marzo de 2020

El correo en el mar



 

Siempre  me pareció fantástico  cuando de niño lograba  escuchar el mar  al colocarme la concha de un caracol  al oído,  posiblemente porque nunca había visto ni escuchado el  mar y es como  cuando escuchas la descripción de un buen plato de comida o de una buena bebida,  pero aún no lo pruebas.

 Esa tarde parado en la playa,  frente al mar caribe,  el sonido de las olas me maravillaba, parecía que tenía una concha de caracol gigante que ocupaba todo el lugar, su inmensidad  llevaba mi vista hasta el horizonte,  donde se divisaba la curva de tierra me sentia  hipnotizado mientras observaba  la magia del sol ocultándose, cambiando a rosa y amarillo los colores de las nubes que a su vez se reflejaban en las aguas que funcionaban como espejos.

Una ola como cientos de ellas,  reventó a orillas de la playa, el agua estaba fría pero a su vez agradable,  cuando me toco suavemente los pies  logro sacarme de mis pensamientos, tengo que decir que no se si  fue a tiempo o tal vez tarde,  sin embargo logre ver esa botella  que rodaba por la orilla antes que retornara al mar,

- la contaminación nos va a destruir  el mundo -pensé mientras en un acto ecologista la tome para colocarla en el cesto de la basura-,   pero nunca lo hice, me quede largo rato leyendo la etiqueta y su extraño mensaje


“te estoy buscando, si estas allí leyendo escríbeme,  el mar será nuestro cartero”


Había leído en muchas novelas, las cartas en botellas de los náufragos pidiendo ayuda, lo mapas ocultos, siempre me pareció fantasía romántica, ahora parado frente al mar, tenía en mis manos un mensaje de alguien que buscaba su verdadero amor o un amigo por correspondencia o tal vez alguna broma extraña aun no lo sabía.

Regrese al hotel, era uno  de esos que se consiguen en la playa,  pequeño, familiar con piscina y bufet self service, tranquilo como me gustan, al entrar en la habitación  deje la botella sobre la mesa de noche, me di un baño para luego ir a comer.


Compartí la cena con una familia de ucranianos que no entendían mucho español pero con quienes converse gratamente  durante más de dos horas, la mayoría del tiempo fue intentando hacernos entender en mi mal inglés y su inglés,  luego  comenzó el espectáculo en la piscina, juego y un rato de entretenimiento para los inquilinos, por mi parte me retire a la habitación, planeaba levantarme muy temprano para recorrer la playa y ver el amanecer aprovechando esas primeras horas para escribir.

Me recosté sintiéndome agotado por la travesía doce horas en expresos, seis horas en ferri, más el tiempo de espera, todo valía la pena en ese mi primer viaje a conocer el mar, pensaba en caer y dormir plácidamente pero eso fue imposible, mi mente divagaba en las profundidades del mar, buscando esa isla desierta y desconocida donde una joven romántica lanzaba una botella al mar esperando que el amor de su vida la encontrara, ella morena de ojos café, cabello negro, algo rolliza con una sonrisa hipnotizante, me quede en esa imagen un rato, luego me fui por allá más profundo a   una de esas islas centroamericanas donde un grupo de jovenes jugaban  a los piratas para ver si algún día una de esas botellas vuelve con un mensaje , corrían por toda la  playa marcando en un árbol la cantidad de botellas lanzadas, reían a gusto, las visiones siguieron recorriendo ideas de todo tipo en todo el mundo


Me incorpore para  tomar la botella y  estudiarla haciéndome el grafólogo, la letra era cursiva, legible tipo método palmer, elegante, la botella parecía vieja de whisky, por las algas me decían que llevaba tiempo en el agua o venía de muy lejos, concluí que seguro la había lanzado al mar desde un muelle, algún artista que vivía solo en una vieja casa, buscaba la aventura de una nueva obra y esta botella podía ser el mágico mundo que le abriera las puertas, imagine a ese ser(no definía si era hombre o mujer) de pie en muelle, lanzando con toda su fuerza la botella para luego encender un cigarrillo y regresar a casa, destapar una botella nueva servirla y sentarse en la sala con su gato a leer mientras pensaba en que cenar.


Ese ser me llamo la atención lo quería conocer, compartir sus experiencias, contarle la mías, disfrutas de buena charla y una cena, tal vez unas copas. Desde mi imaginación parecía una persona interesante, me recosté reconfortado en la idea de conocer a alguien nuevo

 Cuando salió el sol esa mañana , yo me encontraba sentado en el acantilado observando el mar y describiendo en li libreta los colores que se formaban, como nacía el sol y volvía la vida con la llegada del nuevo día.


Eran como las diez de la mañana cuando me levante para descender hasta la playa, allí estaba el mar, con su fuerza y su inmensidad y en algún lugar el dueño de la botella con su extraño mensaje, antes de irme saque la botella de mi mochila, llevaba un mensaje nuevo:

“recibí el mensaje, el mar es un cartero muy lento, escríbeme a mi e-mail”

Agregue mis dos direcciones de correo electrónico, tome un pequeño impulso para arrojar la botella al mar, lo más lejos que pudiera, la vi caer al agua  y perderse en la inmensidad, disfrute el fin de semana, retorne a casa renovado y con un esperanza que algún día recibiría un e-mail de alguien que encontró la botella.

Han pasado diez años de esa fecha, esta mañana en mi correo más antiguo tenía un mensaje en la bandeja de entrada con el asunto:

“El mar el lento pero seguro”

abri el correo, el corazon me saltaba, me senti nervioso, cuando logre leer el e-mail me di cuenta que solo tenia una linea:

“tenía razón, el mar es lento pero a diferencia del correo común es seguro.


Es un placer conocerte

J.W.”


Las energías  se renovaron al leer ese correo, la aventura de conocer a alguien nuevo comenzaba.

Danny Ramírez

2 comentarios:

  1. me gustaría saber como sigue la historia, si es que puede tener continuación......

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