A esa hora de la mañana de ese día inolvidable, los dedos me picaban y
sentía una puntada en los hombros que comenzaba a endurecer los músculos de mis
hombros, eran las primeras señales de la
ansiedad, las reconocía todas las mañanas a esa hora, señal indicadora de que debía encender un cigarro.
Llevaba en mi mochila, una
caja de veinte unidades de mi marca favorita y un encendedor que me regalaron hacía mucho
tiempo, eran los fieles acompañantes a cualquier lugar, desde hacía veinte y
seis año fumaba y reconocía las señales que mi cuerpo emitía cada vez que
necesitaba fumar.
Continúe caminando por la
avenida intentando distraer mi mente de sus deseos, concentraba
mi atención a edificios, murales,
autos, avisos en cualquier cosa
que me ayudara a olvidar la señales que
sentía, al poco rato sentí la picazón en
el cuero cabelludo, la presión de mi
cuerpo comenzaba con sus ataques desesperantes, uno de ellos el tic nervioso
que me hacía acariciarme el cabello cada
cierto tiempo.
La mañana seguía
transcurriendo, el cuerpo me picaba y el
dolor en los hombros del estrés era insoportable, en los labios se inició el
hormigueo que me indicaba que estaba en
el punto máximo de resistencia, dirigí la mirada a mi bolso donde estaba la caja de cigarrillos que compre al
salir de mi casa, aun se encontraba sin abrir, tome un dulce de los que
guardaba para esta ocasión y que tenía semanas sin tocar, lo lleve a mis boca
para calmar la ansiedad que me
invitaba a fumar.
Cuando llego la hora de
almorzar ya me había comido unos cuatro caramelos, me estiraba cada cinco
minutos, me traqueaba los dedos hasta el
punto que solo lo hacía para hacer algo, entre en Netflix mientras almorzaba
para continuar en mi plan de distraer mi cuerpo de algo que se convirtió en una
necesidad básica desde hacía veintiséis años.
Transcurrí la tarde como un
animal enjaulado, el dolor de espalda continuaba en aumento, todos los músculos
del cuerpo se encontraban tensos, el café no
funcionaba por más que ya llevaba una jarra, me concentraba en mi
trabajo, revisando las carpetas para archivar, después me dedique a preparar un
programa, buscaba algo para concentrar mis sentidos y dejar de sentir la necesidad de destapar la caja de
cigarrillos, el día paso el estrés se acumuló, creo que mis ojos ardían y
sentía las venas la frente saltar.
Al terminar mi jornada me
despedí casi corriendo, no quería pasar tiempo pensando en desear fumar mientras
estaba en la parada esperando la
llegada del colectivo, decidí caminar hasta el subterráneo diez cuadras
me despejarían los deseos de fumar.
Las manos me hormigueaban,
las venas saltaban, los labios me pedían un cigarrillo, ya los dulces no servían,
el dolor en la espalda era insoportable los músculos que rodean los omoplatos
eran como piedras que presionaban contra los nervios que cruzan los hombros, el
dolor de cabeza comenzó en los la base
del cuello sentí como los tendones se volvían rígidos armando un especie de
once en la nuca se expandió de atrás hacia adelante hasta brotar en las venas
de mi frente, vas a morir me gritaba el subconsciente, soy tu salvación me
gritaban los cigarrillos
Al llegar a casa me tome un
ibuprofeno y prepare café estaba por explotar, sentí bajar el sabor de la cafeína por mi garganta
esperando como siempre con su olor y sabor un relax total, decepcionado esta
vez no llego, dando vueltas como un
tigre enjaulado termine duchándome con agua muy fría, sentí como cubría mi
cuerpo, lo empapaba todo, algunos músculos desde relajaron otros como si supieran
la estrategia se contrajeron salí exhausto
-Estás loco – me dije- ¿Quién
se enfrenta en su sano juicio a veinte y seis años de vicio?, no todas las
batallas se pueden ganar.
Camine directo a mi mochila
de donde saque la caja de cigarrillos que había comprado en la mañana, solo con
verla mis cuerpo comenzó a prepararse y
tome el encendedor que se encontraba en la cocina, me encamine al patio rompí el sello sacándole
la bolsa plástica asegurada por una cinta roja, seguidamente levante la tapa de
cartón para desprender el papel plateado que cubría los cigarrillos y los vi, allí
estaban veinte unidades de
cigarrillos que desprendían un olor a
cielo, prepare el encendedor y separe un cigarrillo de la caja dispuesto a
llevarlo a mis labios, le pondría fin al día infernal que había pasado, pensándolo
con sinceridad
- ¿Qué bien tenia causarme
tanto dolor?- me pregunte-
Mientras contemplaba el
cigarrillo en mis manos me respondió
-No tiene ningún sentido,
hacer lo que estoy haciendo, - me dije a mismo mientras jugaba con el
encendedor-.
Me senté en el patio contemple las estrellas,
listo para disfrutar ese cigarrillo, sería
el primero del día pero estoy seguro me sabría a gloria.
Pase unos minutos contemplando
el cigarrillo que tenía en mi mano quería encenderlo pero no me animaba, algo no
me dejaba, supuse que era la tensión y me levante tome mi libro de notas y comencé
a escribir, supuse desde el principio
que todo era el estrés y que si como
siempre encendía el cigarrillo mientras leía o escribía la tensión y los males pasarían
Las letras salieron como
siempre, viaje por un mundo distinto mientras relataba las aventuras de la rana y el hipocornio, la tensión
se fue y el cuerpo se relajó completamente la tensión en la espalda desapareció,
mi ojos dejaron de arder y el dolor de cabeza se perdió, mi cuerpo se sentía completamente relajado,
descansado, me levante dejando el
encendedor y el cigarro sobre la mesa ambos sin usar.
Han pasado los días, el cigarrillo desapareció de la mesa y el
encendedor también, la caja ya no viaja en mi mochila y cada noche me siento a
escribir algunas líneas, deje de roncar y respiro mucho mejor, ahorro. Ya no
tengo estrés, ni tensión.
La tentación sigue allí en
los momentos de presión laboral o de
soledad y aburrimiento, ha sido una
experiencia compleja pero seguimos adelante cada día paso a paso poco a poco.

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