La iglesia era del estilo
barroco, con grandes figuras talladas en sus puertas de madera, vitrales que le
daban un efecto luminoso y colorido a los altares de los distintos santos, el
piso aún tenía la cerámica de hace más de mil años cuando fue
construida, bancas de madera, altar de mármol pulido, con sus veinte metros de
nave central, hacía sentir al inmensidad del universo cualquiera que caminara por ella, en el cielo
raso se pintaban las tentaciones de Jesús en el desierto y su bautismo en el Jordán
La Novicia oraba con fervor
pidiendo fortaleza para su fe, paz a su alma para vencer de las
tentaciones humanas, además de la capacidad de amar al prójimo, sus hábitos
negros y blancos resaltaban de la soledad de la catedral a esas horas de la
mañana que no habían feligreses y la paz era total
-¿Me enseñas a amar? - dijo el
demonio a la novicia-.
Ella se sobresalto al escuchar
una voz a su lado que rompió la total
soledad y calma existente, era un hombre de traje oscuro se
encontraba sentado a su lado, sus facciones eran atractivas, ojos claros, bien
peinado, el aire se impregno de olor extraño que hacia juego con los inciensos
creando un ambiente estimulante sin embargo se sentía la maldad, lo rodeaba con una especie de energía que la
perturbaba haciendo sentir su cuerpo
lujurioso y su alma indefensa. Lo miro
con desconfianza, ¿cómo pudo entrar sin que lo sintiera llegar?, la iglesia
continuaba sola por lo que la novicia busco su fe en lo profundo de su espíritu
aspirando llenarse de fortaleza ante las tentaciones
-Solo conozco el amor al prójimo-
respondió ella mirando al altar- no sé del amor carnal, si a eso te refieres no
puedo enseñarte eso.
-Yo tampoco sé del amor carnal
sin embargo, jamás lo he probado, ni sentido- respondió el demonio con melancolía
- si empezamos por amar al prójimo quizás
más adelante podremos aprender juntos
todos los tipos de amor.
Corría una leve brisa fría en el
ambiente que apagaba las velas y los sirios uno a uno, la luz
en los vitrales cambiaba lentamente por
la posición del sol, dándole un tomo más vivo a la edificación
-Puedo enseñarte lo que se amar
al prójimo, no necesito conocer otras formas de amar estoy consagra por votos de castidad
-¡La cruel tortura¡ -exclamo con un tono afligido - ¿cómo amas al
prójimo si te niegas a amarte a ti misma?
-Yo me amo- argumento la novicia
algo indignada - no sé qué quieres decir con eso de que me niego a amarme a
misma
-Le niegas a tu alma sentirse
bien, dices amar al prójimo pero te castigas a ti misma prohibiéndote la paz
que el cuerpo te pide- dijo el demonio intentado mostrarse erudito- nunca
podrás amar a otros así
La novicia miro a su alrededor,
la catedral parecía esplendorosa con sus luces, la calma no se había roto más que por su conversación, a pesar de esa calma ella sentía que algo se estremecía dentro cambiado su fe, ya no se encontraba tan segura dudaba repitiéndose
así misma si no me amo ¿jamás podre amar a otro?
- Me estas engañando todos los
demonios engañan, es su naturaleza - lo señalo con el dedo- no me harás pecar
puedo resistir las tentaciones
-Yo nunca miento o engaño- dijo
el demonio ofendido- que los demás te castiguen y te torturen diciéndote que
ser feliz es pecado, no es mi culpa, es típico ocultar la verdad
-¿Cual verdad?-pregunto curiosa-
El demonio deambulo unos minutos
frente al altar antes de responder, con su miraba parecía que le traspasara
los hábitos logrando ruborizarle las mejillas a la novicia quien
se sintió descubierta en su íntimo secreto.
- Que Dios se ama tanto a si
mismo que hizo al hombre a su imagen y semejanza y su hijo amado se amaba tanto que tenía
seguidores para ser amado – le susurro el demonio-
-¡oh¡ hereje- vocifero la novicia
grito la novia alejándose - como osas hablar así de señor, que dio su vida para lavar nuestros pecados,
la máxima muestra de amor.
-Y fue una muestra de amor
excelente-dijo el demonio con admiración mientras detallaba el cristo del
altar-, ¿pero en vida? Acaso no se amó y amo a otros.
-¿no sé a dónde vas con esto? ¿Qué
quieres decir? Explícame –suplico la novicia-
- Solo quiero demostrarte lo que significa el amor-le
dijo el demonio aproximándose más a ella- Imagina que vas por un camino
polvoriento con un sol abrazador y te consigues un demonio herido maltratado
tirado en el camino ¿Qué harías?
La novicia se quedó en silencio
durante un rato considerando su respuesta, el demonio aprovecho el momento para
retomar su recorrido r por la catedral
para regresas y tomar asiento nuevamente
a su lado tomándola de la mano.
-¿Lo pensaste?- pregunto con un
voz suave, casi como un insinuación-.
-No sé qué haría – respondió con
sinceridad la novicia- es un demonio, es pecado en esencia si lo ayudo se
recuperaría y seguiría haciendo pecar, si no lo
ayudo sería una pecadora, ¿qué harías
tu si fuera al contrario?
El demonio sonrió antes de
contestar, distraído acariciando la mano suave y delicada de la joven, que sentía deseo de soltarse y a su vez quería
continuar así sintiendo el calor de la piel ajena que la hacía sentir especial
para alguien
-Seguiría mi naturaleza, soy egoísta y solo busco mi placer seguro seguiría de largo por eso quiero cambiar, quiero ser el buen samaritano
que se detiene a ayudar a un alma herida y torturada, estoy seguro que tú me
puedes enseñar a ser buen samaritano.
Le beso suavemente los dedos al terminar de
hablar produciéndole un escalofrío que corría
por su piel erizándola y así el infierno
nació dentro de ella
-No sé si pueda- respondió
afligida la novicia -creo que no soy una buena samaritana, estoy segura que te
dejaría herido en el camino
El demonio el abrazo acariciándole
el cabello con ternura, tocándole suavemente la palma de las manos, la catedral
se sentía fría sin embargo ella tenía calor después de un rato el demonio hablo:
-Eres un alma herida y torturada
por tu sacrificio, abandonada en el
camino del bien sin ninguna fortaleza para defenderte de los buitres y
villanos, solo tienes el deseo amar a otros pero no sabes cómo hacerlo porque
no has aprendido a amarte
-¿Me dejaras abandonada en el
camino?- dijo sollozando-
-No- le susurro el demonio
colocando sus manos en su rostro acercado sus labios a los de ella- te sanare
las heridas de tu tortura y tendrás fortaleza para continuar este duro camino
-Ayúdame- pidió la
novicia-enséñame a amarme
El demonio la beso por uno segundos, tomo su mano y caminaron por la catedral compartiendo
besos en cada columna, acariciando su rostro, su cuello con besos suaves y
pecaminosos, entraron en la sala de la pila bautismal, decorada con escenas de
juan bautista predicando que se iluminaban con candelabro antiguo dándole esa
aura celestial y de abadía al espacio, el demonio coloco la tranca de madera
Se acercó a la novicia, nervioso
pero ansioso y se fundieron en un beso, que
le despojo a ella los hábitos dejando su
cuerpo desnudo al descubierto y a él su
traje, el demonio recorrió su cuerpo suave mientras la besaba descubriendo e
incendiando cada centímetro.
Ella con
sus manos acaricio despacio todo el
cuerpo del demonio incluyendo sus alas mientras sentía como el infierno la consumía,
él la cubrió con sus alas y ambos se entregaron a descubrir la libertad de la pasión humana desconocida
hasta ese instante.
El demonio aprendió ese día porque el ser hombre hace todo por el amor de su pareja, ella entendió porque Adan
y Eva perdió el paraíso y porque amarse
físicamente es un pecado. Las horas pasaron hasta que el fuego del infierno que
emanaba de sus cuerpos los consumió
La novicia despertó en su
habitación de tres metros por dos ubicada en el lado oeste del convento, adornada solo con cristo de madera en la cabecera
de su cama y una pequeña mesa donde colocar la biblia y el rosario. Estaba sudada,
desnuda, su pijama se encontraba rota en el piso, su piel tenía marcas del amor
recibido y la sensación de estar satisfecha de ese apetito prohibido, el
demonio ya no estaba se marchó.
¿Lo extrañaría? Se preguntó
durante un minuto, las campanas anunciaron la hora de la oración en el templo se vistió y salió en silencio para orar por
el alma de ese samaritano que la rescato de la torturarte castidad.
