martes, 23 de abril de 2019

Nostalgia de una tarde




Sentado en el sofá de la sala apoyado  sobre el espaldar de madera hojeaba  el primer libro que le,  su tapa dura con un dibujo extraño  y  el título  en el lomo la leyenda círculo de lectores, casi todos los libros de mi casa decían eso, era como un club del que mi padre era miembro.

Al abrirlo me trasporte a esa época de adolescencia en especial a  esa tarde cuando movido por la curiosidad y el aburrimiento tome ese libro, existían muchos más títulos pero este era llamativo, es posible que me influenciara el hecho que trasmitirían la película el domingo.

Los domingos día de misa,  un gran almuerzo, reunión familiar y televisión donde trasmitían series de hacía mucho tiempo en uno de los canales luego películas repetidas y alguno que otro estreno, nunca faltaba la de terror a las nueve pm, en mi casa con un solo televisor en el cuarto de mis padres no existía la más mínima posibilidad verla, creo que eso me llevo a la biblioteca y a este libro.

Aquí casi veintiuno años después tenia de nuevo el libro y me sentía nervioso, siempre me impresiono mucho luego de leerla, recuerdo como me perdí una tarde entre sus páginas y termine escapando de mi cuarto aterrorizado  cuando visualice una escena que  fue tan real y yo andaba tan concentrado que el miedo pudo en ese momento,  pase varios días si poder mirarlo lo deje guardado en la biblioteca,  luego atacado como un adicto sufriendo de síndrome de abstinencia  tome valor, me encamine a la biblioteca y lo termine, años más tarde cuando vi la película, recordé la lectura en la escena que me dio pavor y le comente a mis amigos si quieren sentir miedo lean el exorcista.

Ese experiencia leyendo me trasporto un mundo para mi desconocido, en mi casa existían al menos unos mil libros de los cuales por lo menos trescientos eran novelas, unos cien cuentos y el resto lo conformaban los libros de la Universidad  Nacional Abierta donde mis padres estudiaban, los programas educativos del Ministerio de educación de cada grado usados por mis padres para preparar clase, una enciclopedia Salvat y el libro gordo de petete como le decíamos al diccionario gigante. En una esquina la colección de periódicos que tenía al menos diez años y todas las semanas le sumaban dos o tres ejemplares

Me convertí en adicto en ese mundo que me permitía viajar, conocer personajes, historias y sus muchas versiones, hoy esa biblioteca sigue en casa a unos cinco mil kilómetros de mí, tiene menos libros yo tengo conmigo algunos otros se perdieron en el tiempo, mientras comienzo a leer las primeras líneas de esa novela, recuerdo a mi padre  con su cabello gris, los ojos brillantes,  esa aura de respeto infinita y la sonrisa que surgió en su rostro  cuando me encontró leyendo un sábado por la tarde del mes de agosto

-Ve despacio, que si los lees con calma se disfrutan más- me aconsejo-.

-Voy tratar- conteste sin despega los ojos del libro-.

Lo escuche marcharse como cada sábado a recorrer el pueblo y pasarla con sus amigos, reconozco que  tenía razón los libros si uno va despacio los disfruta más.

Danny Ramírez

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