-¡Auxilio! – Grito una joven en la calle- .
Solo se escuchaba su carrera en tacones por la acera de la ciudad, esa noche de invierno donde todo se encontraba relativamente tranquilo.
¬-¡Auxilio, por favor! – Grito de nuevo- .
Ninguna ventana, ni puerta de los edificios de esa calle se abrieron, las luces de algunos se apagaron, solo quedaba en la calle el sonido de la carrera desesperada de una joven, cuya voz le decía a todos que podía tener uno veinte años tal vez un poco menos, se pudo oír cuando se detuvo y corrió por el callejón buscando una escalera de emergencia o un garaje abierto donde ocultarse
-¡No!, ¡No! –, sus últimos gritos fueron seguidos por el silencio-.
Las luces que quedaban encendidas se apagaron, todo quedo en la oscuridad, nadie salió, ni llamaron a la policía todo quedo en silencio hasta el amanecer
Comenzó tres cuadras atrás, ella salía del trabajo tarde y sin dinero tendría que caminar unas quince cuadras para llegar a su casa, ningún carruaje se detuvo a llevarla a esas horas serian casi las doce de la noche, caminaba con paso firme sosteniendo la falda de su vestido para no ensuciarlo, la cartera de una mano, coleta y tacones. El invierno lleno la ciudad de neblina densa, los tacones sonaban en las calles de piedra en algunas casas se veían luces aun encendidas, familias levantadas o lámparas sin apagar.
Ella miraba hacia los lados, era una caminata larga y se encontraba sola, percibió una sombra en una esquina parecía un hombre alto y fornido.
-Es mi mente – se repetía así misma-. Tranquilízate
Unos paso más y escucho claramente unas pisadas tras ella, eran botas de montar, definitivamente alguien pesado por la forma de caer, acelero el paso, sintió que también lo aceleraban tras ella, no se voltio a mirar solo se dedicó a caminar más rápido.
Termino esa cuadra y continuo la otra, las calles eran de piedra y los tacones que usaba en el bar se le enredaban con las piedras salientes, sentía los pasos que la seguían cada vez más cerca a media cuadra no logro controlarse más y corrió, sus paso retumbaban en la casas vecinas, algunas lámparas se apagaron, podía oír que corrían tras ella cada vez se aproximaban más, al empezar la siguiente cuadra grito
-¡Auxilio¡- nadie respondió-
Siguió corriendo, volvió a gritar con todo sus ser
-¡Auxilio, por favor! – nadie respondió, algunas luces cercanas se apagaron
En la esquina cruzo al callejón para intentar saltar a un patio y protegerse, una mano la tomo por el vestido y no la dejo avanzar más, le tomo el cabello atraiéndola hacia su cuerpo, emitió un grito de dolor y suplica
-¡No!, ¡No! – Fueron sus últimas palabras al sentir el filo de un cuchillo-.
Las luces de la calle se apagaron
Tres días después su cuerpo se encontró en las orillas del Támesis, la degollaron.
Todo comenzó tres cuadras antes en 1819, cada año esa noche su alma pidiendo auxilio recorre las calles que la desampararon.
Danny Ramirez
marzo 2019
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