Tras unas rejas habito, sin médicos ni familia, sin ver la luz del sol; solo, desde no sé cuándo, preguntándome: ¿Por qué yo?
No cometí ningún crimen: a nadie asesiné, tampoco robé. Solo mi opinión expresé; ahora, alejado de todo, sin saber si estoy muerto o estoy vivo.
No recibo visitas, tampoco puedo dormir. Tiemblo de pensar que, como vinieron por otros, también en algún momento ellos vendrán por mí.
A veces no sé si resista, a veces me quiero morir, a veces quiero ser ave para salir volando de aquí.
Por no vestirme de rojo, por no callar al sufrir, por apoyar la libertad y verla en las urnas ganar, por ser libre de verdad... por eso estoy aquí.
A pesar de que este mundo es de seis pasos de largo, que el muro tiene moho y la reja, óxido; la comida, vidrio, y el baño, gusanos.
A pesar de que no puedo dormir, que el dolor no pasa y el terror acecha, nunca jamás en la cárcel estaré.
Porque la llama encendida que en mi corazón albergué es libre como mi alma, no existe quien la doblegue. Y aunque mi vida se apague en este cuarto oscuro, ya conozco esa libertad que no detiene ningún muro.
A todos los que están afuera, a todos los que estamos dentro: todos seremos libres y nos abrazaremos de contento, mientras la llama no se apague y la fe esté fija en el firmamento.
